miércoles, 22 de enero de 2014

Sí, he vuelto

Enero es un mes difícil. Va el primero, y tiene mucha presión encima; tiene que causar una buena primera impresión a los demás, caer bien, ser un buen mes. Es el número uno, el cabecilla del grupo, de él depende que sea o no un buen comienzo de año.

Me gusta enero. Es un mes frío. El aire que respiras es frío. Pero no de ese frío seco y arisco típico de diciembre, no. Es un frío húmedo. Cierras la boca y los ojos y respiras profundamente por la nariz (si el catarro te lo permite) y notas cómo te llenas de frío, un frío cómodo, un frío que se queda un ratito en tus pulmones y va desapareciendo poco a poco.

Andar por las calles de Barcelona envuelta en capas y capas de ropa y con los zapatos nuevos de Reyes, con la nariz fría y los ojos entrecerrados es algo que me gusta. Entrar en cualquier cafetería, pedir un Cola Cao caliente (y joder si está caliente, puedes destruir ahí el Anillo Único) y rodear la taza con las manos todavía entumecidas del frío es algo bonito, no sé, llamadme masoquista.

Comerte un bol entero de palomitas rodeada de mantas y viendo una peli es algo que hago todo el año, pero en enero todavía me gusta más. Andar bajo la lluvia buscando un sitio en el que protegerse de esas flechitas heladas repentinas es algo que hago casi cada día de este mes (aparte de quejarme y tener la cabeza en otra parte).

Hay tantas cosas bonitas que tiene enero... ¡la vuelta al cole! Ay, la vuelta al cole después de esas efímeras vacaciones llenas de cenas familiares hipócritas y deberes sin hacer; ay, la vuelta al cole después de días muertos en la cama, ay.

Lo mejor de enero y del invierno en general es tener las manos frías y poderlas calentar debajo de la camiseta de esa persona que más quieres…

Yo me meto las manos debajo del culo cuando estoy sentada y pongo cara de satisfacción.



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