martes, 16 de abril de 2013

Over and over.


La historia se repite.

El año pasado, por estas fechas, no paraba de llorar y de perder el tiempo escribiendo. Creo que este año no va a ser diferente.

Escribo sobre chicas normales que conocen mundos maravillosos, gente extraña, cosas sobrenaturales. Escribo sobre mundos perfectos. Escribo, incluso, sobre enfermas. Sobre enfermedades. Sobre problemas. Diría que escribo de todo un poco. Pero nunca nada se parece a la realidad. Es todo demasiado irreal e increíble. Y eso me hace infeliz.


Sentirme inútil es una de las peores sensaciones que puedo sentir. No puedo dejar de pensar en que quizá molesto, en que soy un estorbo, en que estaría mejor sola y alejada, como un virus contagioso en cuarentena.

Es un círculo vicioso. Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto. Como, como mucho, para olvidarme de que nunca seré tan flaca como las demás chicas. Lloro porque nada va bien. Me miro en el espejo y sólo veo una chica con un cuerpo que no es el que quiere. Me dicen: ¡Has adelgazado! Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto.

Estoy rota, y hace mucho que lo estoy. Lo disimulo, y creo que bastante bien: una chorrada o dos en medio de la conversación para hacer reír y ya está, arreglado. Sonreír cuando se fijan en que estoy en mi mundo y todo vuelve a la normalidad. Cuando me abrazan, cuando  alguno de vosotros me abraza, y luego os separáis, muere un poco de mí. Me gustaría estar siempre entre abrazos y palabras de ánimo, pero luego recuerdo que ni siquiera merezco eso, no es algo que vaya mucho con mi forma de ser con los demás.

Supongo que soy patética. Mis casi instantáneos cambios de humor indican que tengo un fuerte desequilibrio emocional. Joder, ¿por qué no puedo ser feliz sin razón y no pensar en nada más? ¿Es que mi cabeza tiene que irse cada puto segundo? ¿Tanto importan las cosas por las que lloro? ¿Acaso debería tener algo por lo que reír?

A veces siento que estoy viviendo una tragicomedia constante.


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