lunes, 22 de abril de 2013

La dura jornada de una adolescente media.

7:10
Mi madre me grita, arrebatándome de mis dormidos brazos las cálidas mantas. Intento levantarme, pero caigo contra el colchón de nuevo. La luz me ilumina y me duele. Me cago en la puta.


7:15
Sigo durmiendo.


7:20
Me siento culpable conmigo misma y me levanto. Casi me abro la cabeza, pero parece que puedo andar.

7:30
Llego a la cocina. No sé cómo. Me derrumbo en la silla y me bebo la leche mientras sigo con los ojos cerrados.


7:40
Me planto frente el armario. ¿Qué tiempo hará hoy? ¿Ya es verano? ¿Seguimos en invierno? ¿Voy muy arreglada? ¿Parezco perroflauta? ¿Esto me lo he puesto esta semana ya? ¿Conjunta bien?


7:50
Empiezo a anudarme los zapatos.

7:55
Voy al baño a arreglarme la cara de orco que llevo. Con dos kilos de pote y un poco de barniz bastará. Me peino y me duermo.


9:01
¿Me llevo una sudadera por si hace frío?

8:05
Entro en el ascensor. Empiezo a desenredar los auriculares. Me cago en la puta.

8:07
Cruzo la carretera mirando qué canción puedo escuchar hoy. Una moto y tres coches casi me convierten en papilla.

8:10
Escucho alguna canción repetitiva que hace que me flipe por la calle y vaya casi corriendo.


8:12
Todo el mundo a mi alrededor parece muerto, en coma o un zombi.

8:15
¿Tenemos examen de algo hoy?

8:17
Cruzo la puerta del instituto. Me sorprendo al ver que no he muerto.


8:20
Abro la puerta de mi clase. Se oyen las cabezas de todos y cada uno de mis compañeros de clase girar a la vez hacia mí. Ja... ja... esto... ja.


8:21
Llegas tarde, Júlia. ¿Tienes justificante?

8:22
JAJA. No.


8:25
Me siento en mi sitio. Se me cae la cabeza.

Atiendo a clase. Creo.



Duermo un ratito.


17:00
Salgo del instituto.


17:20
Llego a casa.


17:30
Me pongo a comer todo lo que tengo en la nevera y en los armarios como una muerta de hambre.


18:00
Miro por la ventana.


19:30
Organizo un concierto en la ducha. El gel se emociona.

21:00
Ceno.

21:30
Me meto en Twitter y cotilleo su perfil en busca de alguna publicación comprometida.


23:00
Me meto en la cama. Cierro la luz. Contemplo el techo y descubro el significado de la vida.



00:00
Pienso en cada segundo de mi existencia y todas las cosas que he hecho mal.

0:10
¿Y si no…? ¿Y si…? ¿Qué pasaría si…? ¿Será gay?


2:30
Creo que ya tengo algo de sueño.


3:00
Me rindo.


martes, 16 de abril de 2013

Over and over.


La historia se repite.

El año pasado, por estas fechas, no paraba de llorar y de perder el tiempo escribiendo. Creo que este año no va a ser diferente.

Escribo sobre chicas normales que conocen mundos maravillosos, gente extraña, cosas sobrenaturales. Escribo sobre mundos perfectos. Escribo, incluso, sobre enfermas. Sobre enfermedades. Sobre problemas. Diría que escribo de todo un poco. Pero nunca nada se parece a la realidad. Es todo demasiado irreal e increíble. Y eso me hace infeliz.


Sentirme inútil es una de las peores sensaciones que puedo sentir. No puedo dejar de pensar en que quizá molesto, en que soy un estorbo, en que estaría mejor sola y alejada, como un virus contagioso en cuarentena.

Es un círculo vicioso. Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto. Como, como mucho, para olvidarme de que nunca seré tan flaca como las demás chicas. Lloro porque nada va bien. Me miro en el espejo y sólo veo una chica con un cuerpo que no es el que quiere. Me dicen: ¡Has adelgazado! Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto.

Estoy rota, y hace mucho que lo estoy. Lo disimulo, y creo que bastante bien: una chorrada o dos en medio de la conversación para hacer reír y ya está, arreglado. Sonreír cuando se fijan en que estoy en mi mundo y todo vuelve a la normalidad. Cuando me abrazan, cuando  alguno de vosotros me abraza, y luego os separáis, muere un poco de mí. Me gustaría estar siempre entre abrazos y palabras de ánimo, pero luego recuerdo que ni siquiera merezco eso, no es algo que vaya mucho con mi forma de ser con los demás.

Supongo que soy patética. Mis casi instantáneos cambios de humor indican que tengo un fuerte desequilibrio emocional. Joder, ¿por qué no puedo ser feliz sin razón y no pensar en nada más? ¿Es que mi cabeza tiene que irse cada puto segundo? ¿Tanto importan las cosas por las que lloro? ¿Acaso debería tener algo por lo que reír?

A veces siento que estoy viviendo una tragicomedia constante.