viernes, 31 de mayo de 2013

Killer

Quería ser alguien para él.
Una chica diferente, alguien a quien recordase.
Indiferente, me trató como todas las demás.
Estaba bien, no me importaba.
Recordando, me doy cuenta de lo estúpida que fui.
Os prometo que intenté ser mejor sin cambiarme a mí misma.

Meses y meses estando por él y nunca supe qué sentíamos.
Olvidarnos; eso hemos conseguido.
Respirando uno frente al otro, nos empezamos a odiar.
Imposible; me decía. Todo es imposible, lo siento.
Restos de un corazón que antaño latía es lo único que conservo.


Rota. Inútil. Perdida.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Rimas absurdas y recuerdos agridulces.

Oh no, oh no, oh no.
Y te rompen el corazoncito de papel.
Te lo queman, lo destrozan.
Y todo es por él.


Nadie te contó la verdadera historia.
Nadie te contó cómo no volverte escoria.
Si es que no nacemos enseñados
Todo de se aprende siendo dañados.


Te lo digo de verdad…
No pretendo serte dura.
Acepta la realidad;

crece y madura.



martes, 7 de mayo de 2013

HEARTLESS.

No, por favor, todavía no.
Quiero seguir intentándolo. Juro que lo haré.
No quiero parecer débil. Dadme una última oportunidad. No volveré a caer.
No quiero que todos me miren.
Estaba haciéndolo bien, puedo mejorar.

Pero no; caes. Caen.
Las lágrimas resbalan, redondas y saladas, hasta la comisura de tus labios.
Tus manos temblorosas abren la ventana de tu habitación. Da a la calle.
Te asomas.

¿Y si…?
Quizá podría dejar de sufrir.
Sólo te quieren cuando estás muerto.
Sería lo mejor. Sólo soy un estorbo.

Empiezas a levantar una pierna. Miras a la gente de la calle.

Imbéciles.

La otra pierna.
Tus manos sujetan el marco de la ventana.
Te sujetan.

Podría saltar ahora mismo.
Podría soltar un dedo…
Dos…
Tres…
Hasta resbalar.
Sería un bonito accidente.
Como mi existencia.

Se oye un ruido detrás de ti.

-¿Mamá?

Te giras, demasiado rápido.
Sin ser consciente de nada.
Tus manos pierden fuerza.

Oh.

Miras qué había provocado el ruido.
Tu móvil vibra, pero eso no lo ves.
Sólo visualizas un haz de luz blanca.

^La pantalla.

Estoy cayendo.
Las manos me han fallado.
Hijas de puta.
¿Me dejáis morir así?
¿Por un ruido?

-Oh.


lunes, 22 de abril de 2013

La dura jornada de una adolescente media.

7:10
Mi madre me grita, arrebatándome de mis dormidos brazos las cálidas mantas. Intento levantarme, pero caigo contra el colchón de nuevo. La luz me ilumina y me duele. Me cago en la puta.


7:15
Sigo durmiendo.


7:20
Me siento culpable conmigo misma y me levanto. Casi me abro la cabeza, pero parece que puedo andar.

7:30
Llego a la cocina. No sé cómo. Me derrumbo en la silla y me bebo la leche mientras sigo con los ojos cerrados.


7:40
Me planto frente el armario. ¿Qué tiempo hará hoy? ¿Ya es verano? ¿Seguimos en invierno? ¿Voy muy arreglada? ¿Parezco perroflauta? ¿Esto me lo he puesto esta semana ya? ¿Conjunta bien?


7:50
Empiezo a anudarme los zapatos.

7:55
Voy al baño a arreglarme la cara de orco que llevo. Con dos kilos de pote y un poco de barniz bastará. Me peino y me duermo.


9:01
¿Me llevo una sudadera por si hace frío?

8:05
Entro en el ascensor. Empiezo a desenredar los auriculares. Me cago en la puta.

8:07
Cruzo la carretera mirando qué canción puedo escuchar hoy. Una moto y tres coches casi me convierten en papilla.

8:10
Escucho alguna canción repetitiva que hace que me flipe por la calle y vaya casi corriendo.


8:12
Todo el mundo a mi alrededor parece muerto, en coma o un zombi.

8:15
¿Tenemos examen de algo hoy?

8:17
Cruzo la puerta del instituto. Me sorprendo al ver que no he muerto.


8:20
Abro la puerta de mi clase. Se oyen las cabezas de todos y cada uno de mis compañeros de clase girar a la vez hacia mí. Ja... ja... esto... ja.


8:21
Llegas tarde, Júlia. ¿Tienes justificante?

8:22
JAJA. No.


8:25
Me siento en mi sitio. Se me cae la cabeza.

Atiendo a clase. Creo.



Duermo un ratito.


17:00
Salgo del instituto.


17:20
Llego a casa.


17:30
Me pongo a comer todo lo que tengo en la nevera y en los armarios como una muerta de hambre.


18:00
Miro por la ventana.


19:30
Organizo un concierto en la ducha. El gel se emociona.

21:00
Ceno.

21:30
Me meto en Twitter y cotilleo su perfil en busca de alguna publicación comprometida.


23:00
Me meto en la cama. Cierro la luz. Contemplo el techo y descubro el significado de la vida.



00:00
Pienso en cada segundo de mi existencia y todas las cosas que he hecho mal.

0:10
¿Y si no…? ¿Y si…? ¿Qué pasaría si…? ¿Será gay?


2:30
Creo que ya tengo algo de sueño.


3:00
Me rindo.


martes, 16 de abril de 2013

Over and over.


La historia se repite.

El año pasado, por estas fechas, no paraba de llorar y de perder el tiempo escribiendo. Creo que este año no va a ser diferente.

Escribo sobre chicas normales que conocen mundos maravillosos, gente extraña, cosas sobrenaturales. Escribo sobre mundos perfectos. Escribo, incluso, sobre enfermas. Sobre enfermedades. Sobre problemas. Diría que escribo de todo un poco. Pero nunca nada se parece a la realidad. Es todo demasiado irreal e increíble. Y eso me hace infeliz.


Sentirme inútil es una de las peores sensaciones que puedo sentir. No puedo dejar de pensar en que quizá molesto, en que soy un estorbo, en que estaría mejor sola y alejada, como un virus contagioso en cuarentena.

Es un círculo vicioso. Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto. Como, como mucho, para olvidarme de que nunca seré tan flaca como las demás chicas. Lloro porque nada va bien. Me miro en el espejo y sólo veo una chica con un cuerpo que no es el que quiere. Me dicen: ¡Has adelgazado! Subo a la báscula, y veo que no debería pesar tanto.

Estoy rota, y hace mucho que lo estoy. Lo disimulo, y creo que bastante bien: una chorrada o dos en medio de la conversación para hacer reír y ya está, arreglado. Sonreír cuando se fijan en que estoy en mi mundo y todo vuelve a la normalidad. Cuando me abrazan, cuando  alguno de vosotros me abraza, y luego os separáis, muere un poco de mí. Me gustaría estar siempre entre abrazos y palabras de ánimo, pero luego recuerdo que ni siquiera merezco eso, no es algo que vaya mucho con mi forma de ser con los demás.

Supongo que soy patética. Mis casi instantáneos cambios de humor indican que tengo un fuerte desequilibrio emocional. Joder, ¿por qué no puedo ser feliz sin razón y no pensar en nada más? ¿Es que mi cabeza tiene que irse cada puto segundo? ¿Tanto importan las cosas por las que lloro? ¿Acaso debería tener algo por lo que reír?

A veces siento que estoy viviendo una tragicomedia constante.


miércoles, 27 de marzo de 2013

RÉQUIEM


Los auriculares echan humo. Tu cantante favorito canta algo que no logras entender. No molesta. Respiras más lentamente. Desenfocas. Los párpados se vuelven plomo y tus labios se entreabren. De repente, te encuentras en un estado de confusión. Tu mente hace las maletas y se larga al País de las Maravillas. Tú te dejas llevar. No importa. Dejas escapar el poco aire que te queda por la nariz y ya está. Estás KO. Dormido.

Mientras tu cabeza da vueltas de campana, los demás se preguntan si te habrás desmayado. Esa posición tan incómoda se vuelve blanda como el algodón. ¿Un grito? Un susurro. ¿Un golpe? Una caricia. Sólo importa el pum-pum de la canción, el hecho de que estás lejos, el estado de aturdimiento que te ha dejado el cansancio. Pese a todo, oyes las siluetas y hueles los estados de ánimo. Tienes el presentimiento de que no ha sido una buena idea irse tan pronto. ¿Me voy a perder algo? Automáticamente una voz te recuerda algo: qué más da. Se está genial así. Sin saber nada. La ignorancia es la felicidad. Respiras profundamente, como tu sueño. Te caes. Te mueves. Te hacen caer y te mueven. Eres un peso muerto.

El aire huele a calabaza. Oyes murmullos lejanos, pero desconoces lo cerca que están. Abres los ojos más rápido de lo que deberías. De lo primero que te das cuenta es que no estás en la plazoleta del pueblo. Esto es un sitio cerrado. Incluso dirías que claustrofóbico. El suelo está húmedo y pegajoso, haces una mueca de asco y te das cuenta de que tienes la cara entumecida. ¿Demasiado rato inconsciente contra el suelo? ¿Un bofetón? No sabes nada. Impotencia.

Los murmullos ajenos se vuelven chillidos. Como un rayo, tus ojos empiezan a analizar la situación. Inconsciente. En un sitio desconocido. Te duele el cuerpo. ¿Eso que molesta tanto es la resaca? Intentas ponerte de pie lentamente para no marearte, en vano. Clic. Te giras tan despacio y cautelosamente que pareces un robot. Aún aturdido, visualizas un hombre. Es viejo, pero no debe tener más que sesenta años. Con un rifle en las manos, apunta a tu frente. Los ojos como naranjas, la piel de gallina, el cuerpo erguido. Intentas conversar con él de forma civilizada pero al abrir la boca sólo sale aire. En shock, te rodeas el cuello con las manos. ¿Y mi voz? El hombre, tembloroso, te advierte que no hagas nada de lo que puedas arrepentirte. La nariz pica. Los ojos escuecen. Gimes de miedo. Lágrimas suicidas quieren deslizarse ya por tus mejillas, pero no las dejas salir. Levantando la cabeza, miras a tu captor a los ojos. Inyectados de sangre, mantienen una exagerada atención al cañón del arma, evitando el contacto ocular con cualquier otra cosa. Un golpe seco abre tu celda.

La luz molesta, la puerta ha rozado tu pelo. Te enderezas en cuestión de segundos, mirando al frente. Sudor frío del que no te habías percatado desciende por tu espalda. Una eléctrica sacudida te devuelve al mundo real. Ignoras la identidad del ser que se halla frente a tus ojos. Extrañamente, te sientes como en casa. La criatura se presenta. Se hace llamar Murray. Te olvidas de su nombre. Esbozas un intento fallido de sonrisa por cortesía, incomodado por el horrible rostro de éste. El arma, pero, sigue en su sitio en perpetua amenaza. El recién conocido te ofrece salir de la habitación. Tu respiración se acelera. ¿Qué está pasando? Las dudas te martillean el cerebro. Cierras los ojos con fuerza, pero sigues en el mismo lugar, siguiendo a la silueta parlante. Como si de una visita turística se tratase, te habla con pura naturalidad. El miedo te enmudece. Cuanto más caminas, mejor te sientes. El pasillo por el que… ¿andáis? es luminoso e infinito. Puedes ver la sangre en el suelo. La larga túnica que viste tu guía. La falta de ventanas en el recinto.

Los dedos de las manos se tornan azules. Haber perdido los zapatos no ayuda a superar el exagerado frío que empieza a hacer. Tu compañero se gira y te mira, sonriente. Escalofrío. Quieres volver. Coges aire para hablar, pero lo sueltas en forma de suspiro. Las palabras "quiero irme" mueren en tus labios, y el deseo de huir sigue en aumento. Nadie te lo habrá dicho antes, pero no se puede escapar de la muerte.

La larga caminata concluye al llegar a una enorme sala. Al menos doscientos hombres trajeados se giran a la vez cuando pones un pie dentro. Máscaras de calavera. Corbatas escarlata. "Sólo importa el pum-pum de la canción…". Gritan tu nombre. Parece que hayan pasado siglos desde que lo oíste por última vez. Sigues el sonido del llanto hasta la última mesa del salón. Una mujer de rostro totalmente familiar te sonríe llorando. Tu corazón se rompe. Tu fachada de tiza se desvanece. Gritas. Lloras. Ríes. Abrazas. Tu madre ha vuelto a tu lado. Boom.


Ahora es cuando te das cuenta. No es un sueño. No es un milagro. No es un secuestro. Te has conducido hacia tu autodestrucción. Los latidos de tu corazón se adormecen. Tu madre murió. "Los párpados se vuelven plomo y tus labios se entreabren. De repente, te encuentras en un estado de confusión". No puedes hacer nada. La luz se hace más clara. Y más, y más. No puedes creerlo. Cierras los ojos. Después de todo, sólo puedes hacer una cosa; dejarte llevar.


domingo, 3 de marzo de 2013

W8.


Hoy, soy feliz. ADV

Ser feliz no es sinónimo de tener felicidad. Son conceptos muy distintos. Últimamente me encuentro mejor, alegre, sin razones para estar enfadada. Todo me distrae, todo me hace reír. Y es que a veces, no nos damos cuenta pero vamos a mejor. O al contrario, a veces ni nos damos cuenta de que vamos cayendo en picado, que hacemos algo mal pero al ser ya una costumbre no le damos importancia.

Eso me pasó a mí. Llegué a lo más hondo del vacío. Todo lo veía oscuro. Mis amigos eran retrasados y me hacían la vida imposible. Todo era patético. Los profesores me tenían manía y me suspendían sin razón. Pero lo que iba mal no eran los demás. Era yo. Iba de mal en peor. Mis amigos intentaban ayudarme y me intentaban comprender. Los profesores me veían diferente y no tenían otra opción que suspenderme. Pero yo no lo veía así. Los demás eran el problema. Los demás eran los que estaban cambiados. Me volví egocéntrica e insoportable. Ya nadie quería seguir a mi lado. Lloraba, lloraba casi cada día al volver del instituto y lanzar la mochila contra el suelo. Impotente, veía cómo ya nada tenía sentido en mi vida. Dejé de sonreír. De mirar a los ojos. De preocuparme por mi ropa o mi aspecto. Dejé de ser yo.

Recordar eso me hace ver que no debo ilusionarme con esta buena racha que tengo estas semanas. Todo podría empeorar de un momento a otro. Podría irme todo como antes. Pero… ¿sabéis quién tiene el control sobre eso? Yo. Y sólo yo podré evitar que eso suceda de nuevo.


No quiero acabar con una frase inspiradora, ni un consejo Art Attack, ni un guiño de repelente…, pero si tú, chico o chica, caracol o caracola, hombre o mujer, twittero o twittera, estás en una situación como la que me pasó… Quiero que sepas que siempre habrá alguien a tu lado, que aunque pienses que estás solo/a, no lo estás. Aunque te veas perdido, siempre puedes hablarme, aunque sea una tontería (Júlia solidaria generosa Gandhi), quizá pueda hacer algo, por pequeño que sea. Y si algún día llegas a pensar en acabar con tu vida, piensa en todo lo que te pierdes. Porque hay muchas, muchísimas cosas, que no podrás hacer cuando estés muerto criando malvas, entre ellas comer chocolate, tomar el sol, abrazar, besar, dibujar, cantar, y la más importante; no podrás leer mi súper-mega-ultra-guay Blog.

jueves, 14 de febrero de 2013

14

¡Feliz jueves a todos!

Espero que hayáis pasado un día en completa soledad.

Es broma, ya sabéis que yo también.

Hoy es un día ideal para ver LOVE ACTUALLY, EL DIARIO DE NOA, PD: TE QUIERO, QUERIDO JOHN, HISTORIAS DE SAN VALENTÍN o cualquier memez de ese estilo, acompañado de palomitas, una manta y mucho, mucho chocolate.


En realidad, no sé por qué la gente tiene en un pedestal el 14 de febrero. A ver, no soy idiota, sé que hoy es el día de los enamorados y todo es genial y perfecto, lleno de ositos con un gran "I LOVE YOU" impreso en la barriga, bombones, chocolate, arrumacos, cariñitos, parejas besándose a todas horas en la calle…

Pero no me importa pasar el día entero sola. Quiero decir que ya me los paso los otros 364 días del año, por un día más cursi que los otros no voy a deprimirme.


Sinceramente, prefiero MIL TRILLONES DE VECES el día 23 de abril. Para los catalanes (y creo que para los españoles también) es como un San Valentín. Las chicas regalamos libros a los chicos (INDIRECTA MUY DIRECTA PARA QUE LEYÁIS DE UNA PUTA VEZ, INCULTOS <3) y los chicos regalan una rosa a las chicas (AWWWW). Es un día genial porque puedes ir paseando por la calle y las librerías brillan de tanta luz que desprende el dinero de las cajas registradoras.

Supongo que las parejas que ven a los solteros en general solos por la calle el día 14 deben pensar: "Pobrecito/a, está solo/a un día tan señalado como hoy. Cariño, ¿le damos un abrazo a ver si muere de cursilería sidosa?".

Si tú también pasas un día de San Valentín solo/a, lee:

"El enamoramiento es un estado de imbecilidad transitorio." ¿Qué quiero decir con esto?  Supongo que nada, espero que todo. Creo que nunca he estado enamorada del todo. Me han gustado muchas personas, he besado muchos sapos y ranas, y supongo que tú también. Los enamorados sólo son idiotas felices, egoístas, que no ven la realidad de su situación; que se consume. No me refiero a que si estás enamorado/a no seas feliz o tu amor no sea eterno (ya hablé de eso en otra entrada), pero muchas parejas son estúpidas, se ríen de todo y lo único que hacen es mirarse su propio ombligo (no literalmente, eso sería un poco acojonante). Así que lo único que te puedo aconsejar es lo que pienso yo… No sé, no te dejes influenciar por las otras personas, no te encariñes mucho a la primera, sé fuerte, evita las relaciones estables hasta que te veas capaz de estar con alguien a quien realmente quieres. Y eso.

A mis pocos lectores, seáis o no solteros, tengáis pareja o gato, pensad una cosa; ESTE DÍA FUE INVENTADO POR UN COMERCIANTE PARA GANAR MÁS DINERO, PARA TENER UNA EXCUSA PARA VENDER MIERDAS CURSIS.

O eso me dijeron de pequeña.


Os quiero.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Lejos


"Y el vacío del colchón huele a distancia"

Supongo que ya sabréis de qué hablo. La distancia, esa enemiga que nos hemos sacado de la manga como excusa tantas y tantas veces en una relación que claramente no funcionaba.
Por los que no tengáis Twitter ni nada de eso, (o sea, que aún poseáis vuestra dignidad-alma) quizá os suene eso del amor a distancia. A mi parecer, hay dos tipos (el segundo es más actual).


Típico tópico peliculero
Chico conoce a chica, se enamoran perdidamente cual película americana y, luego, el chico o la chica debe irse al Quinto Coño porque el pez de su bisabuela lejana se ha puesto enfermo y luego se queda a vivir allí, obligando a los dos a tomar una decisión: relación a distancia o romper. Finalmente, después de muchas peleas por carta (porque claro, es una película americana, por favor), acaba como el puto Diario de Noa.

Esa relación sería como la más real, ¿no? Se han visto, se han mirado a los ojos, se han besado, dado abracitos y mierdas, así que podríamos decir que esta relación a distancia es como la "RELACIÓN A DISTANCIA".


Mierda que se han inventado en Twitter y otras redes sociales
También conocida como PUTAH DISTANSIAH, me fumo kilómetros o memeces así.

No nos vamos a engañar. ¿Quién no se ha sentido atraído "psicológicamente" por alguien mediante este amigo nuestro, el Internet? Yo me meto en el saco de que SÍ. Y sé que TÚ también. Jeje. En fin, sigamos.

Os voy a contar mi historia personal (DRAMAAAAAAA UUUHHH no).

Empecé con esto de las redes sociales con nombres de usuario con números y cosas raras a los 12 años, el 8 de noviembre de 2008, cuando me hice HABBO. Todos los muñequitos de mierda se movían y hablaban, ya que eran otras personas en sus casas y moviendo su avatar. Me pasé en esa red social hasta casi los 15. Me marcó mucho, conocí a mucha gente y me cambiaron la forma de ver las cosas.

*Música melodramática* *Mirada al horizonte con una sonrisa de satisfacción*

El caso es que muchas de las personas que conocí me parecieron interesantísimas. Eran alegres, simpáticas, inteligentes, divertidas,… Pero también, como todos, tenían sus problemas. Que si las notas, que si los amigos, que si los amores… Hubo un tiempo en el que me enganché mucho a esa red social, y así fue cómo me di cuenta de que existe el amor a distancia. Unos amigos míos, Marta y César (Marta me va a matarrrrr), vivían un poco separados. Ella en Cartagena, Murcia, y él en Alicante, Valencia. Se enamoraron y todo eso, pese a no verse visto nunca en su vida en persona (ERROR 1), empezaron a salir. Lo más increíble fue que duraron casi un puto año. Fueron una pareja bonita. Sí, sí. FELICIDADES JÚLIA, YA SABEMOS LA HISTORIA. En fin, que lo pasaron mal…

Factores y consecuencias que hacen que una relación a distancia tipo 2 sea mierda
Ciudades diferentes.
Celos.
Deseo, que conduce a sentir…
…impotencia al pensar que quizá no puedas tocar nunca a esa persona.
Esperanzas falsas.
Promesas rotas. 
Lágrimas.
Ira.
Enfado. 
En casos extremos; depresión.

Y mi favorito;
Engaño.

      La infidelidad en las relaciones a distancia – Por Júlia M.

Voy a conseguir que dejéis de leerme para siempre.
ES MUY, MUY FÁCIL SER INFIEL EN UNA RELACIÓN A DISTANCIA. Si no soportas más estar con una persona que no puede darte lo que deseas, puedes sucumbir perfectamente al pecado de irte con otra persona que sí pueda.

Eso duele. Y de verdad. Te sientes imbécil, inútil, impotente al no poder reaccionar ante tal cosa. No puedes ir allí y darle un buen hostión, o echarle la bronca del siglo. No puedes, no puedes por los putos kilómetros.

Por eso siempre digo que el amor real ha muerto. Que ni siquiera podemos amar a alguien que se encuentra a cientos de kilómetros por miedo a no ser suficiente, o a ser sustituidos.

¿Y QUIÉN TIENE LA CULPA DE ESO, NIÑOOOOOOOOOOOOOOSS?
LA SOCIEDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAD, JÚLIAAAA.


Os quiero.

jueves, 10 de enero de 2013

Doctor Fresquito


Los médicos siempre me han parecido personas inteligentes, que saben lo que hacen y que transmiten confianza. Pues bien, el Doctor Fresquito no lo hace. En absoluto.

Es mi médico, y lo conocí hace nada. Tiene los ojos azules (para mí, rasgo típico de la vejez y de los médicos, no sé exactamente la razón), la piel algo morena y arrugada, y el pelo grisáceo, con algo de alopecia asomando por su cabecita.

Habla el catalán de una manera demasiada correcta. Con palabras cultas y sin expresiones españolas por en medio. Parece un robot porque nunca modifica su tono de voz. Contradice todo lo que mi otro médico dijo, y viste una bata ¿blanca? con su ficha con su nombre. Está serio, a penas sonríe, y no hace bromas acerca de nada. Creo que es un Cylon.

Si fuese sólo eso, quizá no sería tan… ¿escalofriante? Pero esperad, aún hay más. Es algo bizco. No mira a los ojos. Se queda mirándome la punta de la nariz, los labios o mi collar mientras habla. Es algo incómodo, porque cuando intentas aportar información a la conversación (más bien monólogo), te corta y sigue hablándole, muy concentrado, a tu nariz.



Su entorno es todavía más extraño, por decirlo de alguna manera. Trabaja en un hospital de mala muerte. Es un espanto de lugar. Cuando entré, lo primero que pensé fue; "¿Para no pagar al otro médico privado nos vamos a uno de la seguridad social, y nos llevan al Hospital del Tórax?".

Para los incultos que no sepáis qué es el Hospital del Tórax, os haré un breve resumen porque no quiero irme del tema. Es un Hospital abandonado a las afueras de Barcelona, donde algunos directores de cine de terror han rodado allí algunas de sus películas/escenas sobre hospitales terroríficos. Antes solía ser un hospital normal, y ahora muchos adolescentes imbéciles van allí a grabarse y hacerse los valientes. Fin.


Seguimos con el hospital del Doctor Fresquito. Las paredes, pintadas de un color que en sus tiempos sería verde vivo, ahora eran verde sucio, de ese verde moco deprimente. Se despegaba de las paredes y había carteles de 'Silencio' y de 'Gracias por no llamar a la puerta, le llamaremos nosotros'. Su sala de espera era como una antigua sala de discursos universitarios, todas las sillas blancas y rotas por todos lados, y un montón de puertas con números rojos al lado.

La de Fresquito era la 6. Nos llamó él mismo, y en ese momento pude ver lo altísimo que es. 

Entramos en su consulta y fue otro impacto ocular. Las paredes, blancuzcas y sin pósteres motivacionales sobre su oficio, parecían que se iban a derrumbar de un momento a otro. Sólo contaba con dos ventanas en lo alto de la pared a sus espaldas, que estaban cerradas y con los cristales negros de suciedad. No había ningún diploma, ningún certificado de que él era realmente el Doctor Fresquito y no un traficante de drogas.

"En el otro médico habían ventanales que iluminaban toda la consulta llena de libros y diplomas" pensé, con voz de niña de cinco años. Todo eso me superaba. No demasiado, pero me quedaba bastante de piedra conforme iba pasando la tarde.

Mi madre (porque sí, me acompaña mi madre al médico al ser menor, ¿recordáis?) intentaba explicarle exactamente al Doctor Fresquito lo que me pasa, pero él no escuchaba, sólo leía los informes del otro doctor, negando con la cabeza. Comentaba cosas que no venían al caso, nos preguntaba cosas que eran obvias porque estaban escritas en letra enorme y negrita y nos miraba como si nos sobraran cromosomas.

Al despedirnos (después de quizá 45 minutos, pero me parecieron dos años), nos dio la mano. Primero a mi madre, sin mirarla, y luego a mi nariz a mí. Su piel estaba sequísima. Como el papel. Me estremecí antes de salir casi corriendo de la consulta y dije un ADIÓS lo bastante alto como para que me pudieran oír todos los ¿pacientes? de ese ¿hospital?


Volveré allí en quince días. No os miento al decir que no me hace ningún tipo de ilusión. Quizá he exagerado algunas partes, pero hay otras que las he decidido eliminar por exceso de surrealismo.


Deseadme suerte.



Nota: Me ha parecido gracioso traducir el segundo apellido de mi doctor al castellano. Se llama M. C. Fresquet en catalán.