jueves, 15 de noviembre de 2012

Petó.


Ese sentimiento, esa sensación...

Cuando le ves. Notas cómo el mundo se va parando poco a poco. Cómo todo cobra otro sentido. Cómo tu corazón que creías muerto empieza a despertar y las comisuras de tus labios se elevan esbozando una sonrisa tonta en tu rostro. Tus ojos se iluminan. Tu voz se torna boba.

Sus ojos son de un color que a ti te encanta. Da igual cómo: marrones, miel, azules, verdes… Transmiten muchísimo más de lo que cree. Iluminan toda la sala. Cada mirada suya es un puñetazo en el estómago. Cada sonrisa, es algo que te mata por dentro. Porque a veces, piensas que esa sonrisa no es gracias a ti.

Su pelo, sus manos, su nariz, su cuerpo. Te enamora. No puedes evitarlo. Cuando te habla, su voz te hipnotiza, el movimiento de esos labios que besarías en ese instante te atonta.
Cuando está conectado/a, tu corazón se acelera. Cada palabra que sale de su boca es perfectamente melodiosa. Todo es genial. Perfecto.

Sólo falla algo. No lo sabe.

Y… ¿sabéis? Esa sensación, ese sentimiento…


Lo odio.













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