domingo, 14 de octubre de 2012

Etiquetas


"Un perro que maté y mataperros me llamaron."

¿Eres más alta que tus amigas? Torre.

¿Contestas una pregunta bien que nadie sabía? Empollona.

¿Te has liado con el ex de una de clase? Puta.

¿Estás rapada/teñida? Hipster.

¿Te gusta Doraemon/Pokémon? Friki.

¿Eres homosexual? Maricón. Marimacho.

¿Has llorado en clase? Llorica, que quieres dar la nota.

¿Estás un poco gorda? Morsa.

¿Escuchas metal? Heavy greñudo/a.

¿Te gusta Justin Bieber? Cursi, pija.       
                             
Mirad, esto me toca mucho los cojones. Las etiquetas sociales son una maldición de por vida, al menos en el instituto. Y yo soy víctima de algunas, como (creo) todos. La frase… es una expresión que me dijo mi madre una vez. ¿Ejemplo?

Un chico hace una cosa mal, como un ejercicio muy fácil de matemáticas, y la caga monumentalmente. Hasta ahora había ido bien, pero por una vez que la caga, ya todos creen que la próxima vez que abra la boca para responder, dirá alguna idiotez, porque ahora para ellos es el imbécil, el burro, el tonto.

Pues no, joder. Creáis o no, implantáis una duda en la cabecita del chico, empieza a pensar que es de verdad gilipollas, y que no vale para nada. Empieza a dudar de sí mismo, y vuestras burlas hacia él le afectan.

Como la chica renchonchita, tímida que no es nada popular. ¿Creéis que la ayudáis con esas miradas de asco? Que no tiene la lepra, joder. Que es humana. Que tiene sentimientos y le jodéis la vida con vuestros comentarios.

Porque no todos nacemos con una coraza de indiferencia. Porque no todos somos esa perfección imposible. Porque nos equivocamos y rectificamos.

Nadie merece una etiqueta, por parte de nadie. Ni de los compañeros de clase, ni los amigos, ni siquiera de los profesores. Cambiamos, tenemos esa maravillosa habilidad de "metamorfosear" a lo que deseamos NOSOTROS, no los demás.

Me niego a ser una parte de vuestros juegos macabros de cambiar para 
agradar a los demás.

Si cambio, si cambiamos, que sea para gustarnos a nosotros mismos, no al chico de clase, no a la chica popular. Tenemos que valernos por nosotros mismos.

Joder, ya.

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