viernes, 26 de octubre de 2012

Efímera inspiración

-¿Segura? - Preguntó por enésima vez.
-Sí, joder, estoy segura. - Escupí, mirándole a los ojos.
-Entonces, no te entiendo.

Suspiré y miré alrededor. 'No quiero estar aquí', pensé. En realidad, no tenía la obligación de permanecer en ese sitio si no lo deseaba. En realidad, lo único que quería era salir volando por el gran ventanal que ocupaba la pared de detrás de Pablo. Pero, dentro de mí, necesitaba estar ahí. Necesitaba estar con él.

Una y otra vez, miradas incómodas surcaban la sala. '¿Quieres quedarte? ¿Segura? ¿Estás segura?'. Sí, Pablo, estoy segura. Quiero quedarme aquí contigo, hasta que venga tu puto médico, y yo pueda esperarte aquí. Esperaré lo que haga falta, Pablo.

-

En el instituto, era todo diferente. Él tenía su grupo de amigos, yo el mío. Todo cobraba otro sentido. Las visitas al médico pasaban a un segundo plano, y yo también. Nadie sabía que acompañaba al imbécil de Pablo al médico, al jodido psiquiatra. 
Nadie lo sabía, y a este paso, nadie lo sabría nunca.

-¿Estás bien, Dani? - Me preguntó Virginia. - Te veo pocha.

-Sí, sí. No, bueno, sí. - Dudé, mirando al cielo nublado del patio. - No me pasa nada.
-¡DANIELA ROMERO! ¡DANIELA ROMERO! ¡Preséntese en recepción, por favor! - Gritó una voz por el altavoz que daba al patio.
-¿Qué coño...? - Murmuré, poniéndome de pie y dirigiendo una mirada de confusión a mis amigas. 
-Te habrán dejado algo, quizá el desayuno.

Maldecí por lo bajo a mis padres. '¡Será posible!' Pensé. 'Si dejo el desayuno en la mesa de la cocina, será porque no quiero comer, joder'.


-Toma, cariño. - Me entregó la anciana secretaria.

-Gracias. 

Era un libro. Un libro de tapa dura. Lo abrí. No había nada escrito. Sólo una frase escrita en tinta negra manchaba la primera página del cuaderno. 


"Ésta es tu vida."


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